Hace unos años, no tantos, era impensable ni siquiera imaginar la cantidad de productos para la higiene dental que hoy en día ocupan los estantes de cualquier supermercado que se precie.

La mayoría de las personas han asumido el cepillo de dientes como un compañero fiel que debe acompañarles en cualquier viaje, pero todavía en nuestra cultura no ha arraigado el llevarlo incluso a las comidas de trabajo, cuando es una práctica saludable y que proporciona un gran ahorro en dentistas a la larga. Por lo que éste es nuestro primer consejo para las próximas comidas navideñas y de negocios que se aproximan.

Pero si el cepillo de dientes es importante, no lo es menos la utilización del hilo dental, pues las cerdas de un cepillo, por muy sofisticado que nos lo intenten vender, son incapaces de llegar a los espacios interdentales reservados exclusivamente para el hilo. No olvides pasártelo al menos una vez cada dos días, corta un trozo de unos 30 centímetros y pásalo con suavidad entre todos los dientes y muelas. En el mercado encontrarás tanto hilo dental como seda en sus distintas variantes: natural, con flúor, con menta… sólo tú sabrás cuál es el que mejor se adapta a tus necesidades.

Y aunque suene a tópico, una visita al dentista anual te evitará trastornos tales como muelas picadas que se convierten en endodoncias o problemas de la encía que a la larga se transforman en gingivitis.

Por último te aconsejamos la utilización de un colutorio, pero no te engañes, porque los que “pican” no son más efectivos que los que no. Así que si tu boca es demasiado sensible para esas sensaciones, cómprate un colutorio infantil con flúor en cualquier farmacia, pues su eficacia es la misma y el sabor a fresa mucho menos “agresivo”.