Aunque la mayoría de los estudios demuestran que las personas que sufren hernia de hiato suelen ser mayores de 50 años, la realidad es que gran parte de los jóvenes la sufren desde muy temprana edad aunque no les haya sido diagnosticada. Lo normal es que los problemas que genera no sean de gran importancia y por ello pasan desapercibidos, pero los daños van siendo acumulativos, y es imprescindible conocer la causa y evitar en la medida de lo posible aumentar el problema.

Una hernia de hiato es la situación que ocurre cuando una parte del estómago se introduce en la cavidad del tórax a través del hiato del diafragma, lo que produce síntomas como dolor torácico y ardores estomacales o regurgitaciones, y sobre todo digestiones muy pesadas y largas. La forma más fácil de diagnosticarla es con una radiografía de contraste: te tomas una papilla antes de la radiografía y te suben en una especie de plataforma que mueven hacia todos los lados para que la papilla se vaya distribuyendo y el médico observe el funcionamiento del aparato digestivo.

Una vez que se ha diagnosticado no hay que seguir grandes dietas, pero sí tener en cuenta una serie de consejos para mejorar y sobre todo para evitar los molestos ardores. Es imprescindible evitar comidas copiosas, y si en alguna ocasión, como bodas o situaciones excepcionales, no se puede “huir”, tomar antes de la ingesta algún protector gástrico como omeprazol. Evitar acostarse nada más comer, por lo que se recomienda que las cenas sean ligeras y se deje al menos una hora entre la ingesta e irse a la cama. De todos modos, en la cama es aconsejable tener la parte de la cabeza un poco más elevada, de tal modo que favorezcamos el tránsito normal de los alimentos hacia el estómago.