La esperada premier de la que seguro se convertirá en la primera de varias entregas del conocido profesor, tuvo lugar ayer en Madrid, y en ella pudimos contemplar a gran parte del reparto además de productores y del guionista y director de la película, Guy Ritchie.

La lluvia no impidió que una multitud de adolescentes, y no tan adolescentes, esperasen durante horas sólo para poder ver las caras de dos de los más guapos reconocidos mundialmente. A saber, Jude Law y Robert Downey Jr. Ellos estuvieron encantados de posar para ellas y después para la prensa, mostrando una amistad que poco después reconocería el propio Robert Downey, y es que como él mismo dijo:

“Gracias a la película nos hemos hecho grandes amigos”,

y nos prometió que si Sherlock Holmes cuenta con el éxito de taquilla en España, volverán para celebrarlo con todos nosotros de juerga. Éstos no saben que las promesas pasan factura…

Y por fin comenzó la película. Sherlock Holmes engancha desde el primer momento con su interesante personalidad, rozando la inteligencia suprema que le lleva a sus conocidas deducciones, con una mezcla de caos y tortura interior. Admirado por todos sus colegas, Holmes va siguiendo las pistas que encuentra en su camino, como lo hiciera en nuestra niñez el personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle. La interpretación es excelente, tanto la de Robert Downey Jr. como la de Jude Law en el papel del fiel amigo Dr. Watson.

Y ¿Cómo no? no podía faltar la chica guapa, que en esta ocasión no es “tan buena”, pero no diré más. Rachel McAdams pone el punto de picardía en el film. Los tres actores junto con Mark Strong, con el que el director repite tras su papel protagonista en RocknRolla, completan una película mezcla entre la aventura, la intriga y la comedia, donde nada es lo que parece y todo puede suceder en cualquier momento.

Sin duda Conan Doyle estaría orgulloso del salto a la gran pantalla de sus célebres personajes, que incluso en el guión han sido fieles a la verdadera historia, evitando la frase “Elemental, querido Watson”, que es más una leyenda que una realidad, pues jamás formaron parte del vocabulario del profesor al que dio vida el escritor escocés.